El graffiti, por lo general, es un indicador de actitudes,
comportamientos y procesos sociales que puede reflejar la identidad de las
comunidades, integrándose así, a las dimensiones simbólicas de la vida urbana
La subcultura del grafitti ha sido a través de la historia y a nivel
mundial, un repositorio de la memoria colectiva y más significativamente para
delimitar los territorios. Con lo anterior, los grupos sociales pueden señalar
el dominio y crecimiento territorial, su modus operandi y, en algunas
ocasiones, definir los espacios (sean estos de grandes o pequeñas dimensiones)
como propios, además permite mantener un nivel más alto de control social.
En Colombia, un país conocido por su conflicto armado interno y los
carteles de la droga, el graffiti fue un instrumento que utilizaron los
diferentes grupos armados al margen de la ley para dar a conocer el contexto
político y social que atravesaba el país, además de las gobernanzas en los
territorios.
Sin embargo, la escena artística en el país también se apropió del
graffiti como arte, realzando todas las facetas de la vida, dándole un nuevo
análisis a su desarrollo con ayuda de instituciones culturales y del ámbito
artístico local. Es por ello que se
torna de carácter urgente, en las actuales dinámicas de Colombia, estudiar la
producción artística con el fin de arrojar temas claves sobre la historia
contemporánea y de esta manera aportar a la conservación del patrimonio
material e inmaterial del país.
La cultura popular, por medio del activismo y las tensiones en los
imaginarios de la altas esferas sociales establecen vínculos críticos en torno
a los asuntos de la mutación del “arte político” como una táctica estatal de la
memoria. En la década de los 80’s el arte se manifestó entorno a estas
dinámicas del conflicto armado haciendo que en Colombia se conforme una fuerte
vertiente pictórica y se dé una de las transformaciones más fuertes a nivel
cultural, además gracias a la negociación con el grupo guerrillero M-19, donde
se convocó a una Asamblea Nacional Constituyente en la que se declara a
Colombia como un país multiétnico y multicultural, muchos artistas produjeron, en
la época, importantes obras para la historia del arte contemporáneo colombiano,
como por ejemplo la obra de Beatriz González “Los Papagayos”[1]
Otro referente es la artista Carolina Caycedo, la cual se enfrenta a las
instituciones de poder desde una posición de resistencia, contra una sociedad
patriarcal, el capitalismo global y el poder político. Con obras como El Museo
de la Calle, Caycedo se desplaza al espacio público y allí truequea objetos de
las personas de a pie, en donde la obra actual mutaba y se enriquecía a partir
de la interacción con la calle y sus habitantes.
Es allí, en la calle, donde se dan las más grandes resistencias contra
la violencia en Medellín, una ciudad que, a pesar de estar señalada a nivel
mundial por las históricas acciones del narcotráfico y su guerra intraurbana,
ella se sigue posicionando en los últimos años como una ciudad resiliente a
través del arte, resaltando más que todo a la Comuna 13 y el graffiti como
transformación desde la cultura colectiva a una expresión “manufacturada” y testimonio
de movilización social
Es por esto que Daniela Velásquez Cortes más conocida como “La Crespa”,
una graffitera de la Comuna 13, concibe que el arte debe de estar a disposición
de las comunidades.
“Las acciones comunales y algunos líderes tienen la organización de los
espacios de los graffitis y los murales, y en algunas ocasiones los disponen
para publicidad. En este caso (señala uno de sus murales) el que tenía el
espacio me dice ‘No hágale, cójalo y haga algo suyo’ pero así yo haga algo mío
no me parece bien hacer solo algo mío, o sea, poner solo Crespa y
ya, no. Sino algo que le aporte al GraffiTour y a la comunidad.”[2]
| Mural: Intuición por Daniela Velásquez Cortes Fotografía por: Juan José Arango |
Si bien, cuando se habla de comunidad implica referenciarse a quienes
habitan un entorno, es decir, a quienes en común construyen un hábitat, por
ende, la memoria colectiva da cuenta de la reconstrucción del pasado de los
grupos humanos, sus raíces, su cotidianidad, sus creencias, sus ausencias y sus
conflictos, con el fin de edificar una identidad
“El graffiti como tal, es una herramienta muy fuerte para la
construcción de paz, porque expresa mensajes políticos y algunas veces expresa
lo que la gente no quiere ver y escuchar. También aporta a que limpia y
embellece el paisaje y hace que haya espacios que puedan sentirse más seguros y
habitados para personas que se sienten vulneradas.”[3]
Esto último tiene un gran aporte, así no se crea, en el refuerzo de la
paz para los territorios. Los espacios desordenados y sucios son concebidos en
estado de abandono, por tal motivo, cuando un barrio tolera el desorden, no
tiene un control sobre las basuras y las calles están sucias puede producir un
ambiente propicio para el crimen. Según varios estudios, los criminales podrían
advertir que no serán denunciados y que nadie está a cargo de la comunidad, de
esa manera “el barrio se percibe más indefenso”
Entonces, es posible discernir dos estados del colectivos al recorrer la
historia de los territorios, siempre se ha de topar, en el primer caso, con el
referente individual y luego, sobre el terreno, comienza a emerger el sentido
colectivo. Como pasa con La Crespa y su sobrenombre.
“Mi sobrenombre viene de cuando comencé a usar redes…me parecía que
Daniela es un nombre muy común…pensé en algo que me diferenciara cuando pintara
en la calle y empecé a hacer graffiti con aerosol…entonces, algo que me
diferencia y me caracteriza, es mi cabello. Porque, por ejemplo en el colegio
me hacían bullying[4]
por mi cabello, me decían Rey León, despelucada, etc…pero me gusta tener mi
cabello así, libre. Entonces es mi símbolo de rebeldía.”[5]
Allí se pueden percibir las redes de significación en la cultura que se
van estableciendo con las prácticas y a través del tiempo en diferentes
espacios, en este caso, en los colegios. El rechazo sucede cuando una mujer
decide desafiar una sociedad machista, como lo es la antiqueña, y salirse del
modelo machista de feminidad hegemónica que se ha establecido (mujer blanca de
cabello lacio, de color negro, de senos grandes y caderas prominentes) y que
centra a las mujeres en sus roles y funciones reproductivas.
“Las mujeres acá están muy cosificadas y uno si siente la presión, por
ejemplo, si uno se vuelve un referente y a veces hay muchos registros y también
a la hora de cerrar contratos, entonces tu apariencia física influye en las
mentes de las personas, todo entra por los ojos.”[6]
Es por esto que se requieren las transformaciones casuales y materiales
del entorno para, de esa manera, aquellas puedan ser posibles y durables con el
tiempo y esto lo permite el graffiti
“La presentación personal sí es importante, pero otra cosa es cuando te
cosifican…yo pienso que me puedo aprovechar de algunos atributos [sin
estereotipos] que tengo para influenciar positivamente en los contratos.”
Muchas veces se subestima el papel de la materialidad artística (como lo
es el graffiti y el muralismo) en la composición de la cultura. Estos
dispositivos artificiales que conforman el entorno, con todos aquellos
elementos simbólicos, intervienen fuertemente en las prácticas culturales
anclándose allí permitiendo su interacción permanente. De esta manera,
referentes artísticos como lo es La Crespa permite reforzar el tejido social y
económico empoderando a las mujeres.
Todas las
expresiones de resistencia que proclaman la irreverencia son relevantes,
precisamente para esquivar el entumecimiento de las mentes. Aun sabiendo que
las mutaciones sociales positivas no podrán ser vistas de forma inmediata,
resonaran en las generaciones venideras si no se dan por vencidas. Las
concepciones del mundo serán replanteadas en las mentes de los infantes, para
que sean agentes de cambios significativos y favorables para todas las formas
de vida y el eco de una voz de mujer se pinte en sus memorias.
[1] Beatriz Gonzáles Aranda
artista, historiadora y crítica de arte colombina. Su obra Los Papagayos de
1987. Óleo sobre papel. Un retrato colectivo de políticos corruptos.
www.efe.com
[2] Relato de La Crespa, graffitera de la Comuna
13, en una entrevista realizada en Las Independencias I, Nodo 2 de la comuna. El
27 de junio de 2023, mientras se hablaba sobre el gaffiti en el territorio.
[3] Relato de La Crespa, graffitera de la Comuna 13, en una entrevista
realizada en Las Independencias I, Nodo 2 de la comuna. El 27 de junio de 2023,
mientras se hablaba sobre el gaffiti en el territorio
[4] La palabra bullying deriva del inglés y se
puede traducir al español como ‘acoso escolar’ o ‘intimidación’
[5] Relato de La Crespa, graffitera de la Comuna 13, en una entrevista
realizada en Las Independencias I, Nodo 2 de la comuna. El 27 de junio de 2023,
mientras se hablaba sobre el gaffiti en el territorio
[6] Relato de La Crespa, graffitera de la Comuna 13, en una entrevista
realizada en Las Independencias I, Nodo 2 de la comuna. El 27 de junio de 2023,
mientras se hablaba sobre el gaffiti en el territorio
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