viernes, 12 de abril de 2024

 

LA SEÑORA

Estrecha sus muslos mientras siente el clamor del deseo y sus jugos comienzan a hervir en las profundidades de su íntimo.

Debajo de su vestido, con fuerza, ahoga la perla frotando y llegando. Sus ojos se concentran e imagina “Oh, el sonido de aquellos huesos”

La liberación de ella al culminar con el deceso de la paloma a la que el gato le troncha el cuello y devora con plena satisfacción.

Ilustración propia


jueves, 11 de abril de 2024

Una voz de mujer que pinta las memorias.

 

El graffiti, por lo general, es un indicador de actitudes, comportamientos y procesos sociales que puede reflejar la identidad de las comunidades, integrándose así, a las dimensiones simbólicas de la vida urbana (LEY & CYBRIWSKY, 1974). Esto quiere decir que, el graffiti es un artefacto y/o una herramienta muy impórtate en el desarrollo de los grupos humanos ya que contiene una carga simbólica sobre el contexto social que viven aquellas comunidades y que ejerce un rol retroalimentador que enriquece la memoria colectiva de quienes las habitan y nutren la perspectiva de quienes no hacen parte de ellas, o sea, hace el papel de hablador estructural.

La subcultura del grafitti ha sido a través de la historia y a nivel mundial, un repositorio de la memoria colectiva y más significativamente para delimitar los territorios. Con lo anterior, los grupos sociales pueden señalar el dominio y crecimiento territorial, su modus operandi y, en algunas ocasiones, definir los espacios (sean estos de grandes o pequeñas dimensiones) como propios, además permite mantener un nivel más alto de control social.

En Colombia, un país conocido por su conflicto armado interno y los carteles de la droga, el graffiti fue un instrumento que utilizaron los diferentes grupos armados al margen de la ley para dar a conocer el contexto político y social que atravesaba el país, además de las gobernanzas en los territorios.

Sin embargo, la escena artística en el país también se apropió del graffiti como arte, realzando todas las facetas de la vida, dándole un nuevo análisis a su desarrollo con ayuda de instituciones culturales y del ámbito artístico local.  Es por ello que se torna de carácter urgente, en las actuales dinámicas de Colombia, estudiar la producción artística con el fin de arrojar temas claves sobre la historia contemporánea y de esta manera aportar a la conservación del patrimonio material e inmaterial del país.

La cultura popular, por medio del activismo y las tensiones en los imaginarios de la altas esferas sociales establecen vínculos críticos en torno a los asuntos de la mutación del “arte político” como una táctica estatal de la memoria. En la década de los 80’s el arte se manifestó entorno a estas dinámicas del conflicto armado haciendo que en Colombia se conforme una fuerte vertiente pictórica y se dé una de las transformaciones más fuertes a nivel cultural, además gracias a la negociación con el grupo guerrillero M-19, donde se convocó a una Asamblea Nacional Constituyente en la que se declara a Colombia como un país multiétnico y multicultural, muchos artistas produjeron, en la época, importantes obras para la historia del arte contemporáneo colombiano, como por ejemplo la obra de Beatriz González “Los Papagayos”[1]

Otro referente es la artista Carolina Caycedo, la cual se enfrenta a las instituciones de poder desde una posición de resistencia, contra una sociedad patriarcal, el capitalismo global y el poder político. Con obras como El Museo de la Calle, Caycedo se desplaza al espacio público y allí truequea objetos de las personas de a pie, en donde la obra actual mutaba y se enriquecía a partir de la interacción con la calle y sus habitantes.

Es allí, en la calle, donde se dan las más grandes resistencias contra la violencia en Medellín, una ciudad que, a pesar de estar señalada a nivel mundial por las históricas acciones del narcotráfico y su guerra intraurbana, ella se sigue posicionando en los últimos años como una ciudad resiliente a través del arte, resaltando más que todo a la Comuna 13 y el graffiti como transformación desde la cultura colectiva a una expresión “manufacturada” y testimonio de movilización social (Cadavid, 2013)

Es por esto que Daniela Velásquez Cortes más conocida como “La Crespa”, una graffitera de la Comuna 13, concibe que el arte debe de estar a disposición de las comunidades.

“Las acciones comunales y algunos líderes tienen la organización de los espacios de los graffitis y los murales, y en algunas ocasiones los disponen para publicidad. En este caso (señala uno de sus murales) el que tenía el espacio me dice ‘No hágale, cójalo y haga algo suyo’ pero así yo haga algo mío no me parece bien hacer solo algo mío, o sea, poner solo Crespa y ya, no. Sino algo que le aporte al GraffiTour y a la comunidad.”[2]

Autor: Daniela Velásquez Cortes
Mural: Intuición por Daniela Velásquez Cortes
Fotografía por: Juan José Arango


Si bien, cuando se habla de comunidad implica referenciarse a quienes habitan un entorno, es decir, a quienes en común construyen un hábitat, por ende, la memoria colectiva da cuenta de la reconstrucción del pasado de los grupos humanos, sus raíces, su cotidianidad, sus creencias, sus ausencias y sus conflictos, con el fin de edificar una identidad (Halbwachs, 1950). A eso se refiere La Crespa, el individuo no es el que crea el lenguaje o los medios de comunicación sino, este mismo pero en comunidad. Por lo tanto, el ser humano para referenciarse al pasado debe recurrir a los recuerdos de quienes también habitan o habitaron su entorno.

“El graffiti como tal, es una herramienta muy fuerte para la construcción de paz, porque expresa mensajes políticos y algunas veces expresa lo que la gente no quiere ver y escuchar. También aporta a que limpia y embellece el paisaje y hace que haya espacios que puedan sentirse más seguros y habitados para personas que se sienten vulneradas.”[3]

Esto último tiene un gran aporte, así no se crea, en el refuerzo de la paz para los territorios. Los espacios desordenados y sucios son concebidos en estado de abandono, por tal motivo, cuando un barrio tolera el desorden, no tiene un control sobre las basuras y las calles están sucias puede producir un ambiente propicio para el crimen. Según varios estudios, los criminales podrían advertir que no serán denunciados y que nadie está a cargo de la comunidad, de esa manera “el barrio se percibe más indefenso” (Ceraiti, 2015)

Entonces, es posible discernir dos estados del colectivos al recorrer la historia de los territorios, siempre se ha de topar, en el primer caso, con el referente individual y luego, sobre el terreno, comienza a emerger el sentido colectivo. Como pasa con La Crespa y su sobrenombre.

“Mi sobrenombre viene de cuando comencé a usar redes…me parecía que Daniela es un nombre muy común…pensé en algo que me diferenciara cuando pintara en la calle y empecé a hacer graffiti con aerosol…entonces, algo que me diferencia y me caracteriza, es mi cabello. Porque, por ejemplo en el colegio me hacían bullying[4] por mi cabello, me decían Rey León, despelucada, etc…pero me gusta tener mi cabello así, libre. Entonces es mi símbolo de rebeldía.”[5]

Allí se pueden percibir las redes de significación en la cultura que se van estableciendo con las prácticas y a través del tiempo en diferentes espacios, en este caso, en los colegios. El rechazo sucede cuando una mujer decide desafiar una sociedad machista, como lo es la antiqueña, y salirse del modelo machista de feminidad hegemónica que se ha establecido (mujer blanca de cabello lacio, de color negro, de senos grandes y caderas prominentes) y que centra a las mujeres en sus roles y funciones reproductivas.

“Las mujeres acá están muy cosificadas y uno si siente la presión, por ejemplo, si uno se vuelve un referente y a veces hay muchos registros y también a la hora de cerrar contratos, entonces tu apariencia física influye en las mentes de las personas, todo entra por los ojos.”[6]

Es por esto que se requieren las transformaciones casuales y materiales del entorno para, de esa manera, aquellas puedan ser posibles y durables con el tiempo y esto lo permite el graffiti

“La presentación personal sí es importante, pero otra cosa es cuando te cosifican…yo pienso que me puedo aprovechar de algunos atributos [sin estereotipos] que tengo para influenciar positivamente en los contratos.”

Muchas veces se subestima el papel de la materialidad artística (como lo es el graffiti y el muralismo) en la composición de la cultura. Estos dispositivos artificiales que conforman el entorno, con todos aquellos elementos simbólicos, intervienen fuertemente en las prácticas culturales anclándose allí permitiendo su interacción permanente. De esta manera, referentes artísticos como lo es La Crespa permite reforzar el tejido social y económico empoderando a las mujeres.

Todas las expresiones de resistencia que proclaman la irreverencia son relevantes, precisamente para esquivar el entumecimiento de las mentes. Aun sabiendo que las mutaciones sociales positivas no podrán ser vistas de forma inmediata, resonaran en las generaciones venideras si no se dan por vencidas. Las concepciones del mundo serán replanteadas en las mentes de los infantes, para que sean agentes de cambios significativos y favorables para todas las formas de vida y el eco de una voz de mujer se pinte en sus memorias.



[1] Beatriz Gonzáles Aranda artista, historiadora y crítica de arte colombina. Su obra Los Papagayos de 1987. Óleo sobre papel. Un retrato colectivo de políticos corruptos. www.efe.com

[2] Relato de La Crespa, graffitera de la Comuna 13, en una entrevista realizada en Las Independencias I, Nodo 2 de la comuna. El 27 de junio de 2023, mientras se hablaba sobre el gaffiti en el territorio.

[3] Relato de La Crespa, graffitera de la Comuna 13, en una entrevista realizada en Las Independencias I, Nodo 2 de la comuna. El 27 de junio de 2023, mientras se hablaba sobre el gaffiti en el territorio

[4] La palabra bullying deriva del inglés y se puede traducir al español como ‘acoso escolar’ o ‘intimidación’

[5] Relato de La Crespa, graffitera de la Comuna 13, en una entrevista realizada en Las Independencias I, Nodo 2 de la comuna. El 27 de junio de 2023, mientras se hablaba sobre el gaffiti en el territorio

[6] Relato de La Crespa, graffitera de la Comuna 13, en una entrevista realizada en Las Independencias I, Nodo 2 de la comuna. El 27 de junio de 2023, mientras se hablaba sobre el gaffiti en el territorio

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